La caída de Mubarak en Egipto deterioró la seguridad en la región
Por Jana Beris | Para LA NACION
19-8-2011
JERUSALEN.- Nadie en la cúpula política y de seguridad en Israel se sintió ayer realmente sorprendido por la cadena de atentados perpetrados en el sur del país por terroristas que salieron de la Franja de Gaza y lograron infiltrarse en territorio israelí desde la península del Sinaí, en el vecino Egipto.
Las advertencias acerca de la posibilidad de que algo así ocurriera eran numerosas. Y no estaban basadas en especulaciones, sino en hechos concretos: el evidente deterioro de la seguridad en la zona a raíz del levantamiento en Egipto y la caída del régimen del ex presidente Hosni Mubarak.
El Sinaí ya no está en la práctica bajo pleno control de las autoridades centrales de El Cairo ni de sus fuerzas de seguridad. Tras el levantamiento popular de la plaza Tahrir, la concentración en asuntos internos y la nueva dinámica desatada en la relación con la Franja de Gaza han ido debilitando ese dominio. Y la fuerza que imponían en el lugar los representantes de Mubarak está ahora parcialmente en manos de bandas de delincuentes beduinos y células de islamistas radicales, entre ellas Al-Qaeda.
A todo esto se suma un fenómeno derivado de los sucesos en Egipto, que se convierte en un factor clave en lo relacionado con la amenaza sobre Israel: radicales palestinos que no logran salir de Gaza directamente a Israel a perpetrar atentados -debido a la barrera de seguridad en su límite con Israel- intensifican sus esfuerzos por cruzar de Gaza a Egipto, con el fin de usar el Sinaí como plataforma para perpetrar atentados contra israelíes.
En parte, ello se vio alentado por la decisión de Egipto de abrir parcialmente el pasaje de Rafah y el mensaje que las nuevas autoridades intentaron transmitir desde El Cairo, en términos de una nueva relación con la Franja de Gaza.
Pero, en gran medida, esto es también producto del menor control que imponen las fuerzas de seguridad egipcias en la zona, lo que también ha permitido el incremento de la introducción de armas y explosivos desde el Sinaí en Egipto hacia la vecina Gaza, controlada por Hamas.
Israel, por cierto, es la víctima más concreta de este proceso de cambio. Ayer, cuando se registraron los disparos y detonaciones de explosivos en Eilat, muy cerca de la frontera egipcia, muchos pensaron: «Era sólo cuestión de tiempo».
La preocupación en Israel aumenta a raíz del hecho de que si al principio había dudas acerca de las intenciones de Egipto en la nueva era post-Mubarak, ahora se comprende que las fuerzas de seguridad egipcias simplemente no logran imponer su control.
AMENAZA EN AUMENTO
Desde el comienzo del levantamiento contra Mubarak, Egipto pidió a Israel autorización para movilizar miles de tropas a la península del Sinaí (contrariamente a lo determinado por los acuerdos de Camp David, en 1978, antes del acuerdo de paz), y en los últimos días pidió otra vez permiso para trasladar 1000 soldados más. Pero nada ayuda. Ahora se trata de un declarado intento de frenar a Al-Qaeda y otros islamistas, pero algo ha cambiado, y la amenaza va en aumento.
Los de ayer fueron los primeros atentados contra Israel desde la caída de Mubarak. Pero fueron precedidos de otros incidentes hostiles, como la detonación del gasoducto del Sinaí, por el que llega a Israel el gas que compra a Egipto.
Fuentes de inteligencia israelíes señalaron que las advertencias sobre intentos de células extremistas de perpetrar secuestros en el Sinaí son claras. Por eso, la Oficina de Lucha Antiterrorista publicó ayer una nueva advertencia a los israelíes para que eviten viajar al Sinaí.
La sensación en Israel es que la «primavera árabe» no sólo no trae automáticamente un futuro mejor a la zona, sino que en lo que concierne a la frontera con Egipto hay una amenaza mayor a la seguridad.
En términos prácticos, el primer desafío sería completar la barrera divisoria, cuya construcción fue aprobada por el gobierno hace un año y medio. Hasta el momento, sólo unos 40 kilómetros de sus planeados 230 han sido erigidos.
A nivel político, la gran pregunta es cómo concretará el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, su promesa (reiterada ayer) de que «se equivoca quien piensa que puede atacar a ciudadanos israelíes sin que haya respuestas». Esto es, sin entrar en una escalada de gran envergadura con radicales palestinos en Gaza y los alrededores.
La «primavera árabe», una pesadilla para los israelíes
19/Ago/2011
La Nación, Ana Jerozolimski